En 1846 Madrid entra en efervescencia con la fiebre matrimonial de las bodas reales de la reina Borbón, Isabel II, y de su hermana, la Infanta María Luisa Fernanda. En una estrecha callejuela, un grupo de artesanos de la piel luchan para acoger los pedidos de estuches de tabaco, monederos, cajas, bolsos y cofres para cigarros. En 1872 Enrique Loewe Roessberg forja su pericia en la piel de la mano de estos artesanos. El éxito es tal que, en la década de los 1890, los aristócratas se dirigen a otra callejuela, la del Príncipe, donde se encuentra la primera tienda que lleva el nombre Loewe en la puerta. Dentro, todo está hecho exclusivamente por pedido; creado a la medida de los caprichos de las damas y caballeros de la Corte.

En 1905 acecha nuevamente la fiebre de las bodas reales. Los nuevos reyes, Alfonso XIII y Victoria Eugenia (nieta de la reina Victoria de Gran Bretaña), confieren a Loewe el título oficial de “Proveedor de la Casa Real”. Para las damas, un bolso de piel de iguana, cocodrilo o serpiente hecho por la firma –ahora al mando del hijo del fundador, Enrique Loewe Hinton- se ha convertido en el máximo símbolo de elegancia y refinamiento.

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